Cobrador de tranvía, trapero, lavandera, sereno, aguador y farolero. Son oficios a los que ya no se dedica casi nadie en los países industrializados; aquí en España también está a punto de desaparecer hasta el de afilador. Los artesanos se extinguieron, pero la necesidad que suplían no desapareció, solo se pusieron de por medio tecnologías más avanzadas para hacerlo a menor coste y mayor calidad, así que, si sabemos observar, podemos ver ecos de aquellos tiempos pasados en nuestra moderna sociedad. Las mezclas que hacia el boticario, ahora las hace el farmacéutico, y el químico trabaja con muchos compuestos cuyos nombres y propiedades fueron definidos por los alquimistas. El farolero era un trabajo de guardia que no solo consistía en encender las farolas al ocaso, sino también tenía que vigilar que no se apagaran durante la noche, proveerles mantenimiento y responder con su patrimonio personal si algún vándalo robaba o rompía una farola. El farolero solo nos pudo dejar sus farolas, y lo cierto es que España está llena de ellas. Los modelos Villa y Fernandina aún se fabrican, y a buen seguro se seguirán fabricando durante décadas. No hay ninguna razón para que una farola clásica de cierta calidad y con el mantenimiento adecuado, pueda ver decenas de lustros.

Aceite, incandescente, vapor de sodio de alta presión, fluorescentes compactas y, ahora, LED. Las farolas clásicas, inamovibles, están ancladas a las fachadas viendo a la tierra girar, edificios caer y levantarse y atestiguando el paso de distintas tecnologías a lo largo de muchas décadas, pero al respecto tenemos que decir que hay alguna que otra tecnología o forma de utilizarla que no nos parece la más acertada, ya sea por eficiencia, por precio, por versatilidad o por pura estética.

No somos los defensores más acérrimos del retrofit, pero entendemos su función y lo necesario que es para el actual mercado español y, de hecho, nos sumamos a ese mercado, pero eso sí, desde la responsabilidad para con nuestros clientes, más aun si se trata de Administraciones Públicas, que son quienes gestionan el dinero de todos (de mejor o peor manera). Por ello, desarrollamos lámparas LED específicas para luminarias clásicas que ya se pueden ver en decenas de poblaciones de toda España, sobre todo por la provincia de Valencia. Antes de deciros cómo debe quedar una luminaria clásica adaptada a LED, os diremos como no debe quedar:

En esta solución modular LED observamos, desde nuestro punto de vista, distintos problemas:

  • Elevado precio: No solo los módulos en sí son costosos, si no que la adaptación de VSAP a LED lo es. Hay que sustituir diversas piezas y la base en donde se incrustan los módulos debe estar a medida.
  • Requieren obligatoriamente equipo externo: Esto implica ya no solo puentear los equipos auxiliares, si no extraerlos para dejar espacio a los nuevos, lo cual encarecería enormemente el proceso de volver a la anterior tecnología si alguna política del Ayuntamiento así lo exige.
  • Deslumbramiento: Se precisan elementos ópticos para que las luminarias no deslumbren a los usuarios. Sin los cristales, la luz de los LED llega directamente al ojo humano sin que ningún elemento difumine la luz, y el deslumbramiento es un criterio del cálculo luminotécnico que se debe respetar.
  • Estandarización: Al ser soluciones a medida, la mayoría de esos módulos no trabajan con valores estandarizados del mercado LED, lo que vinculará al cliente permanentemente con la empresa suministradora para tareas de reposición y mantenimiento, comprometiendo la libertad del cliente de elegir la mejor oferta del mercado.
  • Contaminación lumínica: Muchos podrían decir que esta solución disminuye la contaminación lumínica, pero hay que tener en cuenta que así se concentra un haz de luz hacia abajo muy potente, que será reflejado hacia el cielo por numerosas superficies.
  • Uniformidad: Cuando se instalaron las luminarias, el responsable calculó las interdistancias en función de la uniformidad. Esos cálculos partían de la fotometría de la luminaria, que es la forma en la que esta misma distribuye la luz en distintas direcciones. Al proyectar toda la luz en una nueva dirección, pero sin modificar la posición de las luminarias ni la distancia entre ellas, lo más seguro es que queden muchos espacios intermedios mal iluminados, contrastados por espacios bajo las farolas sobreiluminados. Este criterio atenta contra la seguridad vial.
  • El farolero se rasga sus vestiduras. Sin comentarios.

Es imperativo elegir soluciones que, sin comprometer la calidad, sean amortizables a corto plazo. Cuando se amorticen esos módulos, seguramente habrá soluciones mucho más prácticas y económicas, pero cuya implementación resultará costosa dado el orden de modificaciones que se le tuvo que hacer a la farola.

Una farola clásica con LED debe presentar este aspecto:

Lleva en su interior una bombilla LED que respeta la belleza de las luminarias y el aire clásico que poseen, razón que las lleva a ser las más extendidas por toda la península. La lámpara conserva la distribución fotométrica para la que fue ideada la farola y mejora los valores de CRI, vida útil y deslumbramiento respecto a tecnologías anteriores como el VSAP. Para la muestra, este es el análisis fotométrico de una farola Villa con nuestra lámpara BF36SKIGH con tonalidad 3000K como la mostrada en la foto anterior:

Os invitamos a navegar por nuestros casos de éxito, donde se pueden leer análisis y ver imágenes de decenas de instalaciones exitosas utilizando nuestras lámparas retrofit para iluminación vial AS de LED ®.